La criptomoneda desarrollada para que los usuarios tengan un papel activo y voz en las decisiones y avances importantes que van a marcar el futuro de la tecnología blockchain se llama governance token, es decir, token de gobernanza. Como ya se intuye en la definición, la característica más importante de estos tokens es que quienes los poseen tienen derecho a opinar sobre el producto que se va a desarrollar dentro de la hoja de ruta del proyecto o sobre las nuevas funciones que se van a añadir al sistema. Además, los titulares de tokens de gobernanza pueden presentar sus propias propuestas para incorporar nuevas funciones a esos procesos y protocolos.
Este token, que otorga a sus titulares tanto derecho de voto como derecho de propuesta, funciona de forma democrática dentro de la estructura de la cadena.
La idea de que «todo protocolo es imperfecto»
El software está presente en todos los ámbitos de nuestra vida y puede cumplir funciones muy distintas, pero todos esos programas necesitan actualizarse con el tiempo según los avances tecnológicos y los datos del momento, además de corregir sus fallos. Una intervención tardía o una vulnerabilidad de seguridad imprevista pueden acabar en situaciones muy incómodas. También hay casos en los que hace falta renovar la propia estructura del código para poder mejorarla. En todos ellos, mientras que en las estructuras tradicionales se impone la decisión de un único centro, aquí la decisión se toma en una estructura distribuida y democrática en la que todos tienen voz.
«El código es ley»
Los titulares de tokens de gobernanza obtienen derecho a voto en las futuras actualizaciones en función de la cantidad de tokens que poseen. Los votos recogidos de este modo se aplican de forma electrónica y automática a través de los smart contracts.
Estos sistemas automatizados que permiten a los usuarios controlar dichos cambios se denominan «organización autónoma descentralizada (DAO)». Todas las operaciones realizadas con este método funcionan de manera automática y sistemática mediante smart contracts. Maker (MKR) puede citarse como uno de los ejemplos que mejor funcionan entre los tokens de gobernanza que hemos mencionado. Como variante de la gobernanza, existen casos en los que las decisiones se toman sobre la propia estructura de la cadena, algo conocido como «blockchain governance». Por ejemplo, en la cadena de Bitcoin hubo procesos de decisión alejados de sus propios tenedores, como aumentar el tamaño de los bloques o llevar adelante la idea de SegWit.
En estructuras grandes como Bitcoin y Ethereum se han desarrollado cadenas como «Bitcoin Base» y «Ethereum Base», que no guardan relación directa con los tenedores de BTC o ETH. El token de gobernanza QTUM se lanzó más tarde e intentó establecer una relación formal entre la administración del proyecto y los titulares de tokens. Como forma habitual de gobernanza, vemos que ganan protagonismo las aplicaciones de gestión de activos basadas en tokens. En ejemplos como DASH y Decred, el sistema incentiva con primas: transfiere fondos a los titulares de tokens que prestan distintos servicios relacionados con el funcionamiento del sistema, como investigación y desarrollo, relaciones públicas, ayuda social o representación legal.
